Ser mujer: 4 razones por las cuales debemos alzar la voz

Mujer feminismo

De sobra es conocida la (deprimente) situación actual de la mujer del siglo XXI. Yo soy de las que votan a favor del discurso #GirlPower / Emma Watson: el feminismo es el único camino. Incluso he de decir que me gusta mucho la rabia con la que a veces se califica a la mujer de hoy en día como “feminazi”, en boca de aquellos que aún creen que las Barbies son para las niñas y la Play Station, para los niños.

Sin embargo, cuando lees artículos y estudios recientes sobre datos actuales, dan ganas de coger un mazo y arrasar con todo. Si eres mujer, esto te interesa.

Situación actual de la mujer en el entorno laboral

Ahí va un dato: solo el 4% de los integrantes de las juntas directivas es de sexo femenino. Existen proyectos como el de Más mujeres, mejores empresas, impulsado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, que trabaja por aumentar la representación femenina en los puestos de responsabilidad, y al que se han adherido 85 empresas españolas, como Coca Cola e Iberdrola. Vale. Hay iniciativas como Promociona (del mismo ministerio), que busca la formación de líderes femeninas y que este año ha contado con 80 plazas. Fenomenal. En los últimos años, el porcentaje de mujeres en las juntas directivas de empresas del IBEX ha aumentado en un 13% (hace 10 años estábamos en un 7%; ahora, en un 18%. ¿Es mucho? Que va, pero menos es nada). Estupendo.

Directivas femeninas en el mundo

Son buenas noticias, pero las mujeres, al contrario de lo que algunos piensan, estamos totalmente capacitadas para pensar. Y, ¡eh! somos conscientes de lo mucho que queda aún por hacer. Esta es una información que nos reconforta pero en ningún momento nos conforma. Podemos (y debemos) echar la culpa a los políticos y a las empresas pero tengamos algo claro: si no gritamos, nadie nos oirá.

Brecha salarial

Ellos y nosotras sabemos lo que hay: cobramos menos. Es una realidad y está ahí. Existe un mal hábito laboral entre nosotras que deberíamos desterrar para siempre: la modestia. El problema es que la sociedad patriarcal nos ha enseñado a trabajar sin exigir nada. Y luego, la de los huevos somos nosotras. ¿Sabes que los hombres piden un aumento de sueldo cuatro veces mayor que nosotras? Así se produce el tan famoso efecto “bola de nieve” que hace que la brecha salarial aumente.

Nos cuesta exigir recursos, personal extra, mayor presupuesto… Eso tiene que llegar a su fin: el miedo solo nos traerá desventaja. Si necesitas 2.000 euros más para llevar a cabo la campaña de publicidad, vas y los pides; si llevas 5 años en la empresa y sigues con el salario inicial, te mereces que te den un buen regalo (y nada de 100 euros más); si tienes que pararle los pies a ese jefe o a ese compañero que va de listo, lo haces.

Según datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, la brecha salarial en España es del 23,5 %, un 4,4% más que el año pasado.  Además, hará falta más de un siglo para que hombres y mujeres tengan un salario equivalente por el mismo trabajo (si crees que exagero, haz click aquí).  En 2016, la UGT publicó el informe La igualdad salarial, donde se subraya que nosotras cobramos 6.000 euros menos al año. Injusto, ¿verdad?

Saca el carácter

Echando un vistazo a las redes de contactos de mis compañer@s en Linkedn, he corroborado que efectivamente, ellos cuentan con listados más extensos que nosotras. Dejemos de pensar con el corazón y convertir la decisión de follow/not follow en una estrategia. La pregunta que nos debemos hacer es: “¿Puede ayudarme a subir o no?”

En una reunión, por ejemplo. Seamos sinceras: ¿cuántas de nosotras interrumpimos o alzamos la voz? No, no es educación. De nuevo, es el patrón sobre el cual hemos sido engendradas. Hablamos menos, somos interrumpidas con más frecuencia y nuestros argumentos pasan por diez jurados y un detector de mentiras.Patriarcado

¿Qué hacen ellos? Llegan pronto, porque saben que la charla o el cruce de palabras previo es vital. Un “¿qué tal el fin de semana?” hace maravillas porque establece un vínculo y nos sitúa en el mismo punto. Siéntete segura del sitio que ocupas: tu palabra también vale. Ni se te ocurra empezar una frase como “disculpad, pero…” o “no sé si es buena idea, pero…”. Y sobre todo, practica la escucha activa. Las mujeres, generalmente, tenemos muchas cosas en la cabeza, pero recuerda: la persona que atiende al entorno es la que lo domina.

La famosa no-conciliación

Hemos llegado a la principal barrera que impide que las mujeres ocupen puestos más altos.  En este país no hay flexibilidad, señores. Y no lo digo yo: lo dice el Informe de Evolución de la Familia, del Instituto de Política Familia: el 88,2% de las empresas españolas decide el 100% del horario de sus trabajadores. Para más inri, las guarderías son un lujo al alcance de muy pocos: solo el 14,5% de las familias españolas se lo pueden permitir. Y si me pongo a hablar de los permisos de maternidad que tenemos, me pongo enferma: 16 semanas, siendo así las más pringadas de Europa, cuyo promedio es de 27,7. De nada.

Diría que de sobra conocemos los pecados capitales de una empresa no conciliadora: jornadas interminables, reuniones a última hora, presentismo, horas extra no remuneradas y un laaaargo etcétera. ¿Y qué podemos hacer al respecto? De momento, escribir sobre ello con la esperanza de que alguien de arriba aterrice en nuestros artículos y reaccione ante el descontento de sus ciudadanos.

¡Espera! Se me ocurre algo que sí podemos hacer. Las mujeres seguimos empleando el doble de tiempo que los hombres en tareas domésticas (cuatro horas y 29 minutos a la semana. Mejor no te digo qué hago yo con ese tiempo…). No es que necesitemos ayuda, no nos equivoquemos: lo que se necesita aquí es compartir las obligaciones de forma equitativa. Bueno es que el Club de las Malas Madres lo recuerden con su hashtag #somosequipo. Y ya de paso, echa un vistazo al portal de Laura Baena, que con sutileza defiende la idea de que, o somos dos para todo o debemos reestructurar el equipo. 48.000 mujeres (las que forman parte de esta comunidad) no pueden estar equivocadas.

 

Padres y Madres

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