Viernes

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Cuando el ambiente se aclara. Cuando comienzas a ver más sonrisas que lágrimas o amargura. Cuando el final de cada frase comienza por “feliz”. Cuando deja de importar si mañana hará bueno. Cuando los planes pasan por cenar a la luz de las velas, patinar, brindar, cantar, reír, comer, abrazar y besar. Los besos, que cambian. Que ya no son pasajeros. Que denotan algo más. ¿Sabes cuándo la comisura del labio, tras recibir un beso de alguien especial, se va alargando, se va alargando, se va alargando, hasta expresar todo lo que con palabras no se puede decir? De ese momento te hablo. De que, claro que en verano también puede suceder. Pero, ¿y el abrigo de ese beso cuando afuera nieva? ¿Abriga siquiera en una noche de agosto? La diferencia es abismal. Y simplemente, por un factor, una costumbre que tenemos arraigada, cuyo verdadero significado para algunos persiste, para otros pasa desapercibido. Pero en todos mantiene un denominador común: la felicidad. Pobres y ricos, blancos y negros, mujeres y hombres. A todos nos nubla la dicha.

Y es que, la navidad es lo que tiene. Que dura poco, pero en ese tiempo todo cambia. Incluso el año. El pensamiento. El sentimiento. Todos volveremos a ser los mismos de siempre. Pero en diciembre, permítete el lujo de ser feliz. Por los que ya no están. Por los que seguimos. Y por los que aparecerán.

Feliz viernes del año.

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