Capítulo I

52d5e2751607b04be960096a920d04e7

  • Eh, ¿qué pasa?
  • ¿Qué pasa de qué?
  • No sé. Hace mucho que no hablamos.
  • Ajá. Qué observador.
  • ¿Vas seguir en ese plan? Porque entonces, invierto mi tiempo en otra cosa.
  • Tú mismo.
  • ¿Te da igual?

Se paró en seco. Le miró y entonces él lo supo: indiferencia. Ella mostraba la más absoluta indiferencia por él. Cogió una bocanada de aire y se liberó.

  • Nada va a cambiar. En todo este tiempo lo único que hemos hecho ha sido huir de nuestras vidas mientras seguíamos con ellas. No ha habido nada más allá. Aquel atisbo de esperanza que vi en ti el primer día, aquel temblor que me recorrió la espina dorsal cuando me besaste, fue solo fruto del primer día. Y el último. Podríamos seguir con esto en los siglos de los siglos. Luego tu conocerás a alguien, o yo, y pensarás en mi, o yo en ti, una vez a la semana, una vez al mes y una vez al año. O podemos dejarlo estar, tú sigues con tu vida de chicas y noches vacías, y yo camino hacía la multitud sin mediar palabra pero aprendiendo la lección.  Porque no nos engañemos, esto, lo que hay aquí, no es nada. Quizá sea hora de saber que, no es que nos sintamos solo, es que lo estamos. Y yo pretendo aprender a convivir con ello, sin agarrarme a un clavo ardiendo, por si me alivia el horrible sentimiento de soledad que me acecha. No necesito a nadie. No te necesito a ti. No quiero tus mensajes de buenos días. No, si lo único que pretendes es tener a alguien al otro lado. No me provoca nada. Supongo que, lo que trato de decir es que no voy a perder el tiempo. Esa es la decisión que tanto tiempo me ha llevado tomar. Así que, enhorabuena, eres el primero en saberlo.

Y siguió caminando. Él la dejo ir. Como siempre hacen. ¿O no?

  • Eh, espera, espera.

Ella no lo tenía previsto. Ni tenía previsto sentir lo que sintió cuando él la agarro con fuerza la mano.

  • ¿Puedes dejar al menos que te diga lo mucho que voy a esforzarme para demostrarte que esto no es un juego para mí?

Ella le miró horrorizada. ¿Pero qué…?

  • Yo no espero nada. Ni voy a decidir por ti. Decide tú si te merece la pena correr el riesgo.

Ese día era miércoles. No quiso saber nada más de él. Pero a veces, las cosas no salen como uno quiere.

Related posts