Escapada de una tarde o cómo darse un Capricho en Madrid

Parece que el sol se asoma y ya sabemos que cuando llega esta época del año, abandonamos los planes de peli y manta para dar la bienvenida a esos primeros rayos del astro rey. Pero, por mucho que nos guste el terraceo, no está de más hacer planes alternativos de vez en cuando. Te proponemos una escapada de una mañana o una tarde soleada a un rincón inmerecidamente desconocido en la ciudad de Madrid: El Parque del Capricho, al noroeste de la ciudad de Madrid. No, llamemos a las cosas por su nombre; te invitamos a descubrir el Jardín Histórico El Capricho de la Alameda Osuna.

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Aún existen madrileños de pura cepa que no han paseado bajo sus cipreses, ni han simulado caminar por los laberintos como damas o caballeros del siglo XVIII. Y eso que no está demasiado lejos del centro: a 13 km de la Puerta del Sol y a solo media hora en metro.

En 1784, los Duques de Osuna decidieron crear este paraíso retirado al que acudían habitualmente aristócratas y artistas de la época. Aún hoy mantiene la elegancia y pomposidad de los buenos tiempos, por lo que al andar por sus senderos no es de extrañar encontrarse con un Boccherini del siglo XXI escuchando el canto de los pájaros o a un Don Ramón de la Cruz moderno paseando lentamente en sus últimos años de vida.

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Me gusta pensar que es un parque versátil, ya que es perfecto para ir con cualquier compañía. Sus laderas de césped son geniales para sentarse juntos a los amigos. Las miles de plantas y flores llamarán la atención de los más pequeños de la familia, y los templetes y esculturas, de los mayores. Aunque si yo tuviera que elegir, sería el destino al que yo vendría con mi pareja, ya que el romanticismo que suscita el Capricho es palpable en cada parte del parque. Un detalle a modo de justificación: la especie más abundante en el parque es el llamado ‘árbol del amor’.

¿Sabéis realmente para qué sirven los mapas que están situados en la entrada de los parques? Para que uno se pierda mejor. Atrévete a entrar por los caminos más recónditos que terminarán en rincones tan escondidos como únicos.

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De esta forma, llegarás hasta pequeñas plazas con algún monolito y muchas rosas en flor, explanadas de césped que te incitan a tumbarte o bancos solitarios frente a árboles centenarios en los que cualquier conversación te permitirá desconectar hasta de ti mismo. Puede incluso que tu orientación te lleve hasta el precioso estanque, donde si tienes un poco de suerte unos cisnes negros se acercarán a darte la bienvenida. No te fíes, solo quieren tu comida y aunque resulte muy tentador, no lo hagas, no queremos hacerles daño.

¿La única pega? Que no se puede pasar comida dentro del parque (lo que probablemente ayude a que esté tan limpio), así que no planees picnics y respira el aire puro mientras disfrutas del placer de la compañía. No hay un mejor capricho que darse en Madrid.

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firma María

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