La culpa y yo

firma alaia

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No, no vengo sola. Traigo mi culpa. Esa que no deja de perseguirme aunque cierre los ojos. La misma que me dio la oportunidad de intentarlo una vez más, y otra. Porque costó que se acabara la tortura. Costó tiempo y energía. Costó mi libertad, ya no la quería, ¿para qué, si no podíamos ser libres juntos? No es libre aquel que se siente culpable del tiempo pasado.

Quise decirte muchas cosas condensadas en una sola frase, porque sabía que huirías. Y así fue, ni siquiera me dio tiempo a acabarla. Pero en ese momento, mientras que recorría tu espalda con mi mirada, supe que había terminado. Mi dolor. La tortura. Supe que volvía a respirar, que renacía de mis cenizas para sacudirme el pelo y comenzar a caminar. Pero recobrar mi felicidad tuvo un precio: la culpa, que a veces, demasiada, surge para arrastrarme hasta lo más hondo.

No te preocupes, con los días, semanas y meses, he aprendido a dejarlo estar. De esa forma, he sabido que su poder es limitado. Que soy capaz de bloquearlo siempre y cuando no piense en ti. Pronto se marchará para atormentar a otra alma con el corazón roto. Y entonces, nos volveremos a ver. Quizá siendo los mismos. Quizá no conociéndonos en absoluto.

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