Safari en Tanzania

La Semana Santa ya quedó muy atrás, lo sé. Pero me siento en la obligación de inaugurar este apartado con el mejor viaje que he hecho jamás. Viajé hasta Tanzania con mi familia durante diez días, y solo puedo decir que si tenéis espíritu aventurero este es un destino que, sin duda, os encantará. Cómo sabréis, es un destino cuya actividad principal es el safari. Hay miles de opciones pero os diré cuales fueron los mejores, los “imprescindibles” para que te quedes con un buen sabor de boca.

Parque Nacional de Tarangire

Una de las visitas obligadas es el Parque Nacional de Tarangire. Es un lugar precioso, lleno de anímales salvajes: antílopes, jirafas, elefantes, cebras, jabalíes… Paramos a comer en un área de pícnic y la naturaleza nos sorprendió con la visita de unos monos ladrones que pretendían quitarnos la comida que llevábamos encima. Tras solventar aquella situación (lleno de gritos, risas e histeria general), nos dirigimos al hotel Tarangire Treetops, donde pasaríamos las 9 noches del viaje: si, dormimos en una casita de madera situada en lo alto de un árbol.

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Parque de Lago Manyara

Cuando entras a este parque, el paisaje cambia por completo: aparecieron los árboles verdes y con ellos, los monos. Tuvimos el placer de ver pasear a un hipopótamos que, según nos contaron, es el animal más peligroso de la sabana. Y no solo eso: nos volvimos locos con las cigüeñas, pelícanos, búfalos y cebras.

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Parque Nacional de Ngorongoro

La característica de este parque es que está formado sobre el cráter de un volcán. Por supuesto, subimos hasta el borde del cráter, y casi morimos de placer al observar el paisaje tan fascinante que se encontraba ante nuestros ojos: se veía toda la extensión del volcán, los lagos y las praderas. Y por supuesto, los cinco referentes estaban ahí: el elefante, el búfalo, el rinoceronte, el leopardo y el Rey León.

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Parque de Serengeti

Último safari, cuyos habitantes no tenían nada que ver con los anteriores: por fin pude ver una manada de ñúes, más leones (con lo que me encantan), hienas, cocodrilos, hipopótamos y un leopardo que pasaba por allí. Y un planazo para aquellos que saben apreciar la belleza: desde aquí, el atardecer es el más bonito que verás jamás. Un apunte: comimos mucho arroz, carne y pescado, vamos, sin manjares “viscosos pero sabrosos”. Eso sí, todos los hoteles contaban con comida sin gluten. Por eso y por ese paisaje árido pero tierno y lleno de paz, puntúo con un 10 a Tanzania. Hay veces que necesitamos re-conectar con la naturaleza virgen para darnos cuenta de lo pequeños que somos en realidad, y Tanzania es la mejor prueba para ello.

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firma Marta

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