Por el 7

Hasta hace dos meses hubiera dicho que, por supuesto que me faltaba algo. Brillaba tanto su ausencia, era tan palpable el hueco negro denso y frío, que no me hacían falta convicciones ni empujes para agarrarme al clavo que había dejado de llamarme para gritar mi nombre.  Además, todo iba en contra: todo aquel que había jurado libertad eterna abandonaba sus creencias en son de la compañía, las palabras bonitas, las caricias, las pasiones. Incluso aquella que juraba y perjuraba que sus años mozos las pasaría bajo la tutela de…