Un día temprano

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De esto que preparas la cafetera, miras por la ventana y llueve. Y ni con esas se te cambia el gesto. Suena The Future Looks Good y mientras te sirves el café, el tarareo sale solo. ¿Qué pasa? Nada. ¿O es que porque sea un día gris tienes que sentirte perezosa, abrumada, cansada y enfadada por obligación? Aquellos días ya pasaron. ¿Ves como te decía que se pasaría? Sé que a veces lo piensas, pero ahora, tu primera reacción es la de pestañear y pasar. Pestañear y pasar. Lo fácil que resulta ahora. Cuando entonces era todo un mundo para ti.

¿Qué ha cambiado? Nada. Duermo menos. No tengo tiempo libre. No, todo sigue igual. No es verdad. Claro que sí, ¿por qué iba a mentirte? Por miedo. ¿Miedo a qué? A qué te ocurra lo mismo. No sé de qué me hablas… Ah no. Que nos conocemos. Ya. ¿Me pasas la cuchara? Sí, pero cuéntame. ¿Qué quieres que te cuente? Quiero que me digas qué ha cambiado, porque te veo diferente. Despreocupada. Aséptica. Y en tu caso, eso es algo sorprendente. Como si hubiera llegado la calma a tu vida. Como si todo lo demás no existiera. Como si hubieras vuelto a nacer esta mañana. No te pases. Vale, quizá haya exagerado, pero en serio, ¡cuéntamelo! Mírate, ¿desde cuándo te levantas con tan buen humor? Todo el mundo debería tener razones por las que levantarse con una sonrisa por la mañana. Lo sé, pero si alguna vez creí que existía una excepción, esa sin duda eras tú. La gente cambia. No de la noche a la mañana.

No vas a dejarme desayunar tranquila, ¿verdad? Ajá. Bien, ¿qué quieres saber? Todo. Lo quiero todo. Hasta el último detalle. Pues, ¿sabes qué? Eso es lo que ocurre precisamente. Que no hay detalles. Ni promesas. Ni palabras de más, ni de menos. Sólo lo justo. ¿Podemos concretar? No voy a decirte nada más. Esto que te digo debería satisfacer tu curiosidad. No puedo, es difícil aplacar la curiosidad. Ya sabes que nos viene de serie. A mí me lo vas a decir. ¿Entonces? Mira, no insistas, no voy a contártelo. ¿Por qué? Porque para obtener resultados distintos hay que actuar de forma diferente. Llámame supersticiosa, pero por primera vez en años, no quiero gafarla. ¿Tan importante es para ti? No lo sé, me dejo llevar por mi sexto sentido. Pues, como sea como la última vez, estamos apañadas. No, te lo aseguro. Esto es diferente. Me siento diferente. Es real. ¿Y? No voy a decírtelo. ¿Por qué?

Por miedo. A que vuelva a ocurrir. O a que no vuelva a ocurrir.

Toma, píntate los labios de este color. Va a juego con tu estado. Y es permanente.

Vale. Te calzas. Te abrigas. Coges el bolso. Son las 8. Suena la puerta, no sin antes mirarte en el espejo de la entrada. Gracias. No hay de qué. Ya va siendo hora de que dejes que la vida decida por ti. Vamos, que llegas tarde.

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